«Mamá, estoy aburrido!»

ritalin leon estoy aburrido

Creo que buena parte de las razones de por qué hoy mi tarjeta dice «Creativo», es esa frase. Aburrido. Eternamente. Crecí en los 80s. Sin cable. Sin piscina. Pero con amigos de barrio y mucho, mucho (¡mucho!) tiempo libre que matar.

Estar aburrido me hizo leerme la «Enciclopedia Barsa» de mi abuela, completa. Data inútil de una edición de fines de los 60s con «Alberto Einstein» y «Adolfo Hitler» entre sus páginas. Estar aburrido me hizo empezar a calcar mis comics (¿se acuerdan del papel calco y las hojas autocopiantes de máquina de escribir Kores?!»)… y más tarde comenzar a dibujar comics. Estar aburrido me hizo pescar libros que, a los 10 años, jamás habría pescado: desde Cortazar hasta Asimov. ¡¡ASIMOV!! Y de ahi mi fanatismo por la ciencia ficción, que dio paso al fanatismo a la tecnología… y voilá.

Estar aburrido me hizo inventar historias con mis amigos;  y con ese público tan exigente -con historias en vivo, entre el almuerzo y la hora del té-, entender cómo se forman las historias entrenidas. Inventar comunicadores interplanetarios de tapitas de bebida; y disfraces de «Guru-Guru» hechos con los cartones, scotch y el papel de envolver de la pastelería de mi abuela (creo que hay alguna foto por ahí; no la publiquen por favor).

En definitiva, estar aburrido me hizo desaburrirme pintando. Dibujando. Escribiendo. Leyendo. Desarmando motores de juguetes y armando disfraces de cartón. Estar aburrido, me hizo finalmente publicista. Comunicador. Creativo.

Por eso miro esta época con terror. Porque ya tengo más de 40 y paso igual de pegado al celular, al iPad o a mi Mac que cualquiera de ustedes… pero nací en los 80s y mi cerebro aprendió a aburrirse y desaburrirse. A tomar un lápiz (o Apple Pencil) y dibujar en una hoja (o en mi iPad) y garabatear batmanes y supermanes y pelotudeces varias. A inventar cosas para entretener mi cabeza. A diferencia de los niños de hoy. De los practicantes de hoy. De los adolescentes de hoy. Que si están aburridos no van a desaburrirse inventando algo o conversando con alguien improbable. Simplemente van a sacar su celular y desaburrirse a punta de swipes y likes y whatsapeos.

Y no me tomen a mal: La tecnología es una maravilla. Si naciste en mi época, y creciste con la tecnología -pero no naciste con ella-, la tecnología es algo realmente mágico. Y me fascina. Porque le puso alas a nuestra ochentera cabeza…

Pero tengo miedo.

Miedo por las generaciones más chicas. Las que nacieron con la tecnología. Las que no están teniendo tiempo de aburrirse y tomar un lápiz y hacerse genios del dibujo. O de la guitarra. O de las letras. Gente que no va a desaburrirse aprendiendo un idioma de puro ocioso; sino que simplemente va a meterse la mano al bolsillo y sacar su celular. Gente que no se aburra nunca. Gente que deje de crear; de puro aburrido.

Social Media: el retorno de la marcas al relacionamiento.

Tuve la suerte de ser de los primeros en recibir una “invitación” de Facebook, a inicios del 2007. En ese entonces, simplemente por el placer de explorar, y poder equivocarnos sin que nadie nos estuviera mirando, (“Cáete cuando nadie te mire; para poder correr cuando los demás gatean”) probamos personajes literarios y conversaciones de las marcas que tan bien conocíamos desde el “push”, desde el megáfono; al 1 a 1. Una mezcla tremenda. Agnóstica.

social media phone ritalin
Qué on. Qué off. Qué Directo. Una simbiosis del conocimiento análogo del 1 a 1, con las tecnologías que empezaban a aparecer y hacían ese “marketing directo”, en algo más masivo. Fue el caldo de cultivo de personajes como “Zungaboy” (que empezó a seguir a las incipientes celebrities; y gritó luego en Facebook y Twitter en la primera campaña “de redes sociales” catalogada para Latinoamérica). De Ivane, el joven y descarriado millonario descendiente de la dinastía Eristoff, que se vino a Chile para hacerse cargo de sus redes. Y un cliente jugado y fascinado con este nuevo fenómeno, nos daba presupuesto para salir a “carretear” en la personificación de Ivane. Probar autos de lujo. Sacar fotos en penthouses. Hacer concursos a las 4 am… todo, desde los ojos de Ivane.
Hoy, es mi percepción que lamentablemente Facebook para las marcas tiene más pinta de billboard que de comunidades. Me ha tocado tener discusiones con respecto al “Paga para ser visto”, “Que no te preocupe el Engagement”… Como si un posteo fuera lo mismo que un aviso de revista que te imponen frente a los ojos. Porque, claro, hoy Facebook no te permite ser visto de manera “orgánica” por tus fans. Tienes que pagar para que te vean… Y en eso, dicen algunos, pierde sentido tener comunidades. ¿Pero es tan así? Desde mi experiencia, la gente busca al Tio Marinela. Se junta en Dulce Receta para compartir tips. Gaston del ministerio de energía tiene (¿tenía?) un orgánico ridículo. Nichos de contenido relevante, que se ríen del algoritmo. Y que confirman que no porque “el orgánico ya no exista” no podemos ser capaces de atraer de manera relevante. Con gente entrando a nuestro fanpage como cuando escribes un link en tu navegador. Porque quieres hacerlo, no porque te lo topas. Una apología al “Y a mi qué” y al evitar que nuestros posteos se vuelvan banners con click to action.
Fast forward al 2018. Cambridge Analytica. Trump, la post-verdad y los algoritmos de remarketing. Las restricciones europeas en uso de información, se vuelven globales. Se viene ahora mismo. Nos volvemos un poquito más ciegos. Un poquito más torpes… pero ¿es tan malo? Por un rato las redes se vieron tentadas a tomar el megáfono… La sociedad se los acaba de quitar. Y vuelta al susurro en el oído. Al pensar en esa gente que realmente quiere tu marca y no en los celebrities que tienen posteo por medio con productos que sabes que ni usan. Tan flaca y comiendo papas fritas? Naaah.
¿Entonces? Es el peor de los momentos. Es el mejor de los momentos. Es el retorno al craft del uno a uno. La conversación real, significativa y relevante.
Es el momento en que las redes sociales, queridos hermanos, vuelven a ser relacionamiento.
Y eso me encanta.

Versión larga de la columna publicada primero en la revista de AMD , Junio 2018.