El futuro de la computación

Fui un Apple boy por años de años. Desde que Leo Prieto me mostró el primer iPhone que llegó a Chile, luego el iPad que me llegó desde Estados Unidos (y que me valió una entrevista en CNN por ser el primer chileno en tenerlo, jaja)… la verdad es que Apple, el inventor del smartphone que conocemos hoy, me tuvo en su ecosistema por años. Hasta que poco a poco se fue quedando atrás. Subiendo cada vez más los precios. Y eso, como a muchos, me hizo empezar a mirar para el lado.

Hoy, tengo un Chromecast en mi tele, conectado con el Google Home Mini de mi velador («Ok Google, ver Dracula en TV»; y automáticamente parte la serie, donde la dejé y en el idioma que elegí). Mientras Siri, asumo que porque «aprende» mucho menos que Google cada día, sin capacidad bilingüe, con muchos menos usuarios y preguntas diarias como el gigante de las búsquedas tendrá x segundo… se va quedando más y más atrás.

Pero el ecosistema (iPhone, iPad, Apple Watch, Apple TV en Apple; Google Home, Android, Chromecast para Google), está siendo también empujado por algo que se nos viene rápido: el Home office, la movilidad y la necesidad de andar con un aparato fácil y práctico para tele-trabajar. Algo que, para Apple, tiene forma de iPad Pro.

El iPAD OS es claramente una mejora impresionante en la forma de relacionarnos con el iPad como el «futuro de la computación»… pero a mi al menos esto del iPhone a 1 palo y el ApplewatchGate que sufrí hace unos años, me hizo dar un paso hacia atrás y pensar realmente qué es, para mi, el futuro de la computación.

Y el teclado tipo «caja de huevos» del iPad Pro, claramente no lo era.

Así que empecé a investigar más a Android. Sobre todo ahora, que tiene una interfaz más y más parecida a la de iOS… Y esto fue lo que encontré:

Primero, que SAMSUNG le hace las pantallas a Apple. Y, claro, se quedan con lo mejor: Amoled para Apple, Super Amoled para ellos mismos. Un punto para Samsung

Segundo, y esto es heavy, que Youtube, al ser de Google (dueños de la plataforma Android), también se deja lo mejorcito para ellos: Videos con el codec de 1400 pixeles y 60 cuadros, en lugar del máximo en Apple: 1080 y 40 cuadros. En simple, no importa si la pantalla del iPad Pro es mejor que la de Samsung (que no lo es): por codec, no puedes ver mejor que 1080 a 40 cuadros en YouTube, en Apple. Kaboom.

Solo con esto en mente, se me ocurrió empezar a ver alternativas al iPad Pro… y me topé con esta maravilla: el Samsung Galaxy Tab S6. Que, oh sorpresa, venía con lápiz y teclado por el mismo precio de sólo el tablet. Y más gigas que el iPad Pro.

Pros: El trackpad es de verdad. No una caja de huevos. La pantalla es una maravilla. Corre impresionantemente bien el Outlook 365.

Cons? El chip de Apple es un poco mejor (si juegas se nota); y obvio que no está en el ecosistema de Apple (apps, iCloud). Pero tiene el asistente de Google y, de verdad, no he echado de menos ninguna App desde que hace rato uso más y más Outlook y google. Los juegos que juego, también están en Google Play.

Y LA RAZÓN DE ESTE POST! El futuro de la computación es liviano. Movil. Simple. Va más allá de un celular y menos que un laptop. Y el teclado, el lápiz (oculto detrás, no se cae ni se pierde), la forma simple y la capacidad de trabajar de verdad en el Samsung Tab S6, a mi que toda la vida he usado Mac, me funciona increíble. Con un editor de videos bien decente, un lapiz maravilloso y una integración con Outlook 365 superior.

(ironicamente, sacada con mi iPhone)

El low-think del low-cost

Te hago unos zapatos. Increibles. Te saco la huella exacta de tu pie, trabajo a mano por una semana completa el cuero, las tintas, la suela y los puntales. Y te cobro 400 lucas por unos zapatos para toda la vida.

No te gusta? Ok. Anda al supermercado y compra unos zapatos genericos y de dudosa calidad, cero cuero, por unas 20 lucas.

Son los dos espectros maximos de una industria que en algo se parece a la publicitaria. Tenemos artesanos que hacen maravillas con su wacom y sus camaras. Expertos en materias primas que cambian cueros y tintas por talentos y tecnologías… y con una tremenda diferencian: nadie entra a tres zapaterias para «licitar»: hazme un par de zapatos, pasamelos gratis (gratis!) y luego, con los tres pares en mano, elijo a quien le pago. Y me quedo con los otros dos.

La industria creativa no es eficiente. Por definicion. Si buscas eficiencia en los procesos, buscalo en cómo armas los mails, cómo se entregan los originales. Pero nadie pone las manos al fuego por llegar a tiempo con una genialidad dn exactamente 10 horas. Es imposible.

Asi que hoy, estamos en una debacle que se monta desde dos angulos: los clientes pagan por hora (literalmente me he tenido que sentar con el equipo a calcular (?) cuantas horas requiere un posteo o un tweet; pero exigen por valor. Auch. Y por otro lado, pequeñas agencias, muy livianas en formato -desde publicistas recien salidos de la universidad hasta patrones de fundo que sólo traen y explotan practicantes para no pagar casi nada- que entran a pelear contra las mas grandes. Y, extrañamente, esa pelea se da.

Hace unos años, era impensable que en la misma licitación entrara un BBDO, un McCann… y un Pepito y Asociados. Hoy, la perdida de sentido de valor y, concedamos, la perdida de valor intrínseco de algunas multinacionales (que no se han actualizado, no han cambiado su modelo de negocio o ambas) convierte el mundo publicitario en un campo de batalla de todos contra todos. Ahora cualquiera te googlea un estudio global de los millennials. Cualquiera te muestra lo ultimo de Cannes.

Pero finalmente el problema no está ahi. Al contrario. Es clave ese tiron de orejas para realmente retomar el valor de las multinacionales, su diferencia real ante ese cobro. El problema es que mientras pasa esto, clientes se malacostumbran con otros mini actores, a no pagar retoques. No pagar fotos. No pagar por el trabajo.

La interfaz del (no tan) futuro

Ultimamente estoy pegadísimo con mi Google Home. Un aparatito mínimo que reemplazo a Siri en mi pieza, básicamente por 3 cosas impresionantes:

  1. Que reconoce las voces; y se comporta de acuerdo a las cuentas de cada uno. No es lo mismo que yo le diga “Ok Google, qué tengo hoy”, a que lo haga la waif. Aunque, claro, la waif es tecnófoba y no lo hace. Pero ya salvé mi algoritmo de Spotify cuando ella pidió Marc Anthiony (el horror) y no usó mi cuenta. Instant win.
  2. Que al conectarlo con el Chromecast (ese pendrive que se conecta a tu tele), se crea un ecosistema tele+parlante+usuario digno de ciencia ficción. Estilo: “Ok Google, ver Black Mirror, sin subtítulos”, y que, en cámara lenta y con boca abierta, veas como a) se prende la tele b) se abre Netflix c) se abre TU usuario d) se pone el capitulo DE TU USUARIO, donde lo dejaste.
  3. Que es lejos más inteligente, y entiende, lejos, mejor que Siri. El “Ok google buenos días”, completamente programable con las luces, tu calendario, waze, noticias… es como para pasar todo el día con la mantita hasta el cuello.
Primero fue Mobile first. Luego mobile only… Cuando parte el Voice only?

Los que me conocen, saben que soy un fan de la voz como interfaz. Desde mi primer iPhone con Siri hasta mi Apple Watch (QEPD)… Pero últimamente esa interfaz está tan sofisticada, que huele a futuro cercano que tu famoso trabajo de SEO (o el trabajo de las compañías para que la misma programación de su sitio esté tan bien diseñada para los ojos de Google, que sí o sí aparezcas naturalmente en la primera página, porque NADIE ve la segunda)… se termine con un holocausto vocal: y es que, con la voz, no tienes ni siquiera una primera página. Tienes sólo una, ¡una! Primera búsqueda.

“Quiero una pizza”, “llévame a una bomba de bencina”…

Ayer empecé a ver “Mejores que Nosotros”; una serie de SCI-FI rusa (what?) de Netflix. Y como con HER, estoy rayando con las interfaces. Con esa mirada de un mundo con tanta tecnología, que se vuelve una capa invisible. Con Siris y Alexas invisibles, y pantallas estilo papel que apenas y usas.

Porque para qué, google. Para qué.

¿Tu cara, es tu cara?

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Hoy apareció una noticia de la que todos mis amigos geeks están hablando: Que al Consejo para la Transparencia no le gustó nada la idea de que Mall Plaza esté usando tecnología biométrica (reconocimiento facial) con la gente que entra al mall.

Really?

La semana pasada entré al Work Café y, al acercarme a la pantalla, me dijo «¡Hola Cristián, quieres que llamemos a tu ejecutiva?» un solo click al «si»; y acto seguido ya tenía un SMS en mi bolsillo para presentar por un cappuccino gratis. Porque entré a mi banco y me reconocieron. Y me molestó? hell no. Como tampoco me molestaría un sistema automatizado en la entrada de mi condominio, conectado con la policía, que advirtiera si un psicópata quiere entrar colado y saltar mi reja.

La pregunta es super valida. Y entiendo ambos lados de la discusión… Pero así como cualquier pelagatos te pide tu RUT (con el que se pueden sacar productos bancarios) y que lo anotes en un block sin ninguna seguridad a la entrada de un edificio random, me parece que este tipo de sistemas de validación, como todo, puede ser usado para hacer el bien o hacer el mal. Y está bien que se legisle. ¿Que qué creo yo?

  1. Que la policía por default debería tener un registro global. Eso de «todos tenemos derecho a pasar desapercibido» es super valido, hasta que al lado tuyo anda un pedófilo que se quiere colar al jardín de tu hijo. Si no tienes nada que ocultar, qué te importa que el gobierno tenga tu cara. Si eso termina funcionando para que me saquen un parte automatizado, el pelotudo soy yo.
  2. Que, como bien dictará la ley en trámite, todos tenemos derecho a decidir qué información se le da a quién. Es muy distinto que al entrar a la clínica rápidamente me hagan un check-in, y pase y todo está listo… a que saquen a alguien de un banco porque se filtró su información de salud y no les conviene. Vi una charla en el SXSW super interesante sobre el «Blockchain of Everything», y tu derecho inalienable -ahí si estamos de acuerdo- de ser tú quien decide qué información le das a quien… pero que la llave de entrada sea tu cara? ¡la raja!
  3. Como publicista, y comunicador en general, soy un obsesivo con la experiencia de usuario. Y si hay algo más perfecto y seamless que mirar un punto y que te reconozcan, díganselo a Amazon Go para que mejore aún más esto:

¿Somos los dueños de nuestro rostro? Obvio. De la información que conlleva? Sí, hasta cierto punto. No quiero que sepas donde vivo ni cómo se llaman mis hijos. Pero sí quiero que mi banco me dé un café gratis y que el aeropuerto me deje entrar corriendo hasta mi asiento del avión para enchufarme a mi serie… que mi asiento del avión sabe exactamente en qué punto la dejé, porque me está mirando. Pero con respeto.

El problema con el contenido

En un mundo cada vez más audiovisual, con series que nos devoramos de una sentada (binge, le dicen los gringos), la publicidad digital (también netamente audiovisual) elevándose por sobre los canales estáticos y análogos… surge una pregunta tremenda: í¡¿De donde va a salir tanto contenido?!

Hace un tiempo tuve una conversación super interesante con alguien encargado de la curación de contenido de una linea aérea. Su trabajo (qué envidia) consistía en consumir contenido, viajar a summits de series y películas y armar la parrilla para los distintos vuelos, locales e internacionales. «Es un temazo en la industria«, me comentó. «El mundo exige cada vez más contenido; cada vez más rápido… y la tecnología está ayudando a hacerlo. Hoy puedes tener una post productora completa en tu mac. ¿Pero de dónde salen las ideas? ¿De donde sale el contenido?» Las nuevas generaciones, criadas en esta misma constante cada vez más audiovisual, están dejando de leer.

Y si no lees, cómo escribes.

Otro signo de los tiempos me lo comentó un tremendo creativo a quien me tocó acompañar a lo «chaperón» cuando vino a una charla a Chile. El tipo, mega premiado en Cannes, me comentaba algo parecido: «Yo soy de la idea de mandar a concurso piezas digitales y de innovación. No creo en mandar comerciales. Dudo mucho que alguien de esta generación, pueda hacer algo tanto mejor en redacción a alguien de los 50s o 60s; de la época en que la gente realmente leía. Creo que en la innovación y los nuevos canales, tenemos mucha más oportunidad de innovar».

Cierto. Pero adhiere al tremendo desafío que se nos viene. Y es cosa de ver, en mi área, lo difícil que es encontrar redactores que realmente sorprendan con su prosa. Con su «arte» de escribir. En mis entrevistas, siempre una de mis primeras preguntas es «¿Qué te gusta leer»… Con el tiempo, ha ido mutando a un triste «¿Lees?»… La respuesta muchas veces es que no. Pero que es sec@ para ver series.

¿Son realmente las series la nueva literatura del siglo XXI? Y si es así, ¿ver muchas series en Netflix te hace un buen escritor de series y contenidos? No sé. Tengo mis dudas.

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El futuro de la movilidad

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El auto es la segunda compra más grande de tu vida (si es que compras casa), lo tienes estacionado más del 90% del día; debes pagar estacionamiento, Tag, bencina, seguros… y, si eres maniático como yo, a lo menos un lavado semanal.

No es un buen negocio.

En los últimos años, me ha tocado asistir a seminarios y charlas sobre futurología donde el tema de las «Ciudades del futuro» y la movilidad son «el» tema en debate. Y hay especialmente dos grandes caminos que se ven en el horizonte. Ambos increíbles.

El primero, es el proyecto del Hyperloop, creado por Elon Musk (mister PayPal > Space X > Tesla > Boring Company, que en realidad es la compañía menos aburrida del planeta). Una idea que vi hace un par de años en el SXSW, y que al principio me pareció una locura sacada de un libro de Asimov. Lo impresionante del caso, es que ya es una realidad. Ya hay prototipos funcionando, y la idea de Mr. Musk es tener Hyperloops andando, para el público, en Mexico, Dubai y  Estados Unidos de aquí al 2020.

La segunda gran tendencia, y la más comentada de todas, es el transporte automatizado. Estuve en una charla de los creadores del proyecto de Google, y realmente es impresionante: un auto que hace más de 80 predicciones de los otros autos, peatones y posibles movimientos del auto por segundo. Si todos los autos fueran autónomos, el tráfico parecería más un banco de peces que otra cosa. Un flujo constante y conectado, como una red neuronal.

En esta premisa, sin embargo, me topé el año pasado con una mirada bastante radical. Tuve la suerte de participar de un meet&greet con Uri Levine, el creador de Waze, quien nos explicaba rápidamente su visión del futuro del transporte:

Me imagino un futuro en el que no le compras un auto a General Motors. Rentas el servicio de transporte, que es distinto. En la mañana, pides tu citycar de siempre, mientras tu señora pide su SUV de siempre para pasar a dejar a los niños al colegio. En la noche, en lugar de pedir el citycar, decides pedir un descapotable para salir a comer con tu mujer. Y el fin de semana, lo cambias a una Camper para irte a la montaña.

Tiene sentido, no? Para qué comprar un auto, si lo que necesitas es desplazarte. Claramente ambas tecnologias funcionan perfectamente unidas. ¿Te imaginas cuánto espacio util aparece en el momento en que las calles y carreteras son sólo peatonales? ¿Cuánto se achicarían las ciudades, los tiempos? ¿Cuánto mejoraría la calidad de vida?
En Ciudad de Mexico hay gente que demora hasta 2 horas de idea y 2 horas de vuelta a su casa -y si eres ciego, multiplícalo por dos. En un futuro próximo, esas 4 horas adicionales podrían ser usadas para disfrutar de alguno de los cientos de nuevos parques (tipo Highlines) que solían ser carreteras.

¿A quien no le gustaría estar en ese futuro?

Review: Airpods, mes 4

¿Sabes cómo me di cuenta de lo mucho que me gustan los Airpods? Cuando se me quedaron en la oficina y tuve que usar mis antiguos audifonos con cable

Asi que si todavía estás pensándolo… te doy mi review, recien luego de 4 meses usándolos:

Los Airpods funcionan increíble. Seamless. Te los pones, y la música pasa de tu auto o tus parlantes, directo a tus oidos. Y si cierras el mac y abres tu iPad, solo necesitas un comando para pasar a oir a tu tablet.

La batería, para alguien que trabaja en oficina abierta o comparte espacios -osea tengo buena parte del dia mis airpods en las orejas- jamás me ha dejado botado. Los audífonos tienen autonomia de casi 5 horas (nunca los uso mas de 2 horas de corrido); y la cajita/cargador los carga por 24 horas en total. Y esta, a su vez, la cargas como tu iPhone.

No big whoop.

¿Que se caen? He corrido con ellos y cero problema. El mito viene, creo yo, de cierto tipo de oreja -que no es la mía ni nadie conocido- que no es compatible. That`s it.

Podria pedírsele mas? Claro. Echo de menos poder subir o bajar el volumen con un gesto, o adelantar canciones -esto ultimo viene en el update del iOS 11-… pero quizas los fans de Apple les aguantamos todo. O quizás es simplemente lo mejor que hay hoy, por ese precio, diseño y compatibilidad con mi ecosistema Apple.

76724E8C-2C94-4CA0-9631-5D90DB50A1A2.jpegPero hoy Android también se está decidiendo a no tener cable para los audífonos…y, la verdad, no existe nada parecido a los AirPods para Android. Así de cómodos, simples y pequeños.

4 meses usándolos, y con ellos puestos en este momento, solo puedo decir que mi iPhone, mi iPad, mi Mac y mi AppleWatch son los mejores amigos de mis airpods.

4 1/2 estrellas.

 

 

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El futuro de la ¿publicidad?

Luego de 5 años como VP de Integración Digital en McCann Santiago, la «Nave Madre»; y habiendo hecho exactamente eso: integrar los equipos de Social y Digital en las células de trabajo de los equipos, volví a MRM (hoy MRM//McCann); en el mismo momento en que la agencia relacional del grupo tiene también una vuelta a su esencia. Bonita sincronicidad.

Y es que, claramente mucha agua ha corrido bajo el puente desde que llegué por primera vez a esta agencia «Integrada» (cuando todos todavía hablaban de las «campañas 360» y Facebook era apenas una de muchas nuevas plataformas), hicimos las primeras experiencias integradas (Rómpela, Gillette, las co-creaciones con Converse y gamificaciones para TVN). En ese momento, algunos pregonábamos que, más que publicidad digital, había que pensar en publicidad de la era digital.

Ese fue, de hecho, el nombre de la primera charla que di en IAB recién llegado a MRM.

Hoy, como decía, ha pasado mucha agua bajo el puente. Se mueren las Apps, la co-creación es cada vez más dificil -porque la novedad también se fue-… y los gigantes de hoy, Google y Facebook, pregonan que son un medio con una mirada tradicional, que no importa crear comunidades y que el contenido, tal como en la tele, es visto por muchos simplemente si tienes los bolsillos profundos.

No estoy de acuerdo.

Primero, porque ciertamente puedes ser interruptivo cada vez que quieras. No cuesta más que plata. Pero podría poner ejemplos como el fanpage de Marinela (miren la cantidad absurda de interacción en cada posteo), donde si bien hay un Always On, el contenido es realmente relevante y atractivo. Y eso, vale más que la plata.

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El meme más viral de Chile, con más de 4MM de likes y compartidos acumulados, es de Marinela.  

 

Lo que me hace cuestionar siquiera si el futuro de la publicidad, es publicidad. Pubicitar es interrumpir. Es «lleve esto caserito». Publicidad, es lo que Facebook quiere que empecemos a hacer, por sobre el contenido bien hecho. Por sobre la calidad de RELACIONAMIENTO* con nuestros fans.

¿Cual es el futuro de la publicidad? a mi modo de ver, al menos, es la conversación. La co-creación de las marcas, entre los marketers y la misma gente. Es, en defitiva, y también parafraseando a mi alma mater, «Hacer que las marcas jueguen un rol significativo en la vida de las personas». Lo que para mi significa ser cada vez más desarrollador de juegos, moderador, incitador, emprendedor, inventor y conversador.

El futuro de la publicidad, es dejar de publicitar y empezar a conversar.

Y eso, me encanta.

* Dicho sea de paso, el nuevo slogan de MRM es «Relacionamiento es nuestro segundo nombre». Lo cual es cierto. 

Sé un Shokunin

@Ritalin

La palabra japonesa «Shokunin» se define en los diccionarios como «artesano». Pero esa descripcion literal dista mucho del verdadero significado: la enseñanza japonesa enseña que shokunin significa no sólo aprender técnicas, sino que además implica una actitud y conciencia social. Esta conciencia social obliga a intentar día a día a dobrepasar tus limites. Ser lo mejor en lo que haces. Una obligación tanto material como espiritual. Una filosofia de vida.

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«Her», Walter Mitty e inspiraciones varias

Si en el mundo virtual las cosas juntaran polvo, este blog estaría con una costra de tierra seca y dura.

So sorry por la dejación… pero es impresionante como las Redes Sociales (particularmente Instagram y Facebook) absorben esas ganas locas de decir algo, y te lo convierten en cómodas cuotas de pulsaciones de «estás vivo».
Pero sin la capacidad exquisita de un blog. Donde puedes pensar. Desahogarte -hasta cierto punto, según mi experiencia en todos estos años-. Así que me estoy (re)obligando a escribir como forma de meditación, entretención y, jodelines, para ejercitar el músculo redactoril.

Así que volví. Hoy al menos. Y quería comentarles sobre un par de cosas que he estado devorando en estos días:

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La primera, «Her». De Spike Jonze.
Una peliculaza. Por su historia, su tono cálido y tranquilo de película de domingo… y su impresionante y detallista mirada de un futuro que, según este artículo (traducido con Google, pero que pueden leer en su original en el link también) y mi observación propia, podría ser efectivamente lo que «Minority Report» fue para inicios del 2000 en términos de «¿Qué se viene ahora?
No olvidemos que, de una u otra forma, «Minority Report» fue el padre del iPhone.

¿De qué se hará cargo «Her»?

Cuando vi Her, pensé que era la mejor película que he visto en los últimos 12 meses…
Hasta que me topé con esta: La Vida Secreta de Walter Mitty.

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Si Her es el «Minority Report» del 2014, Walter Mitty es la nueva Forrest Gump. Una película de esas que paran los pelos; con una premisa increíble: Un tipo gris y aburrido que trabaja en la revista «LIFE»… Y que sueña despierto todo el tiempo… Hasta que la misma vida lo obliga a dejar de soñar, y empezar a vivir de verdad.
No les cuento más. Veanla.
Además, la música está increíble.


Y para terminar este estiramiento y «vuelta a la vida» de mi blog, otra película digna de ver este verano -si es que no la vieron, porque es fácilmente googleable: About Time.
Esta vez, no les cuento nada: sólo vean el trailer. Eso sí, advertencia: no es un peliculón; sino más bien una muy buena «Chick flick» para ver con tu mina en una tarde de verano a pata pelada.


#Eso.
Conversemos en mi twitter, revisen mis posteos en mi viejo y fiel Blogger y WordPress… ¡y no leemos muy pronto!