Cuando tu opinión te sale Carozzi

Fue Helvetius (y no Voltaire) quien dijo «No estoy de acuerdo con lo que dice, pero defenderé con mi vida su derecho a decirlo». Una frase muy linda, pero que en la turbulenta agenda nacional, extrapolada y exaltada, no sé qué tanto tiene de cierto hoy.

Eso es con las personas. Con las marcas, aquellas a las que hoy les exigimos «posturas», «ideales» y «Propósitos», así en alta, parece extraño también encontrarnos con que, si las posturas de dicha marca (tan fundamentales, según todas las encuestas), no son sí o sí «mi» postura… a cortarles la cabeza!!

Este fin de semana, se «supo» (como si no pasara siempre), que Carozzi quitaba su auspicio a La Red si ésta ponía en parrilla un programa en contra de esa «postura» de la Marca. Y no me vengan con medias tintas. Cuando uno de los directivos clave de la marca fue Ministro de Pinochet, la lectura es una sola.

Y pasaron muchas cosas. Muchas. Por un lado, los iracundos tuiteros se lanzaron en picada con sus picos y garras azules en contra de la marca. No la prefieras. Llevémosla a la quiebra. Mmm a ver. Vamos por partes:

1. Si le exiges Propósito y postura a las marcas, luego no te piques si esa postura no está de acuerdo contigo. Sé que la «postura» en cuestión bordea el negacionismo (quisiera pensar que no, que es solo eso: una postura); pero si todos aplaudimos a Nike cuando apoyó al deportista que se arrodillaba en el himno nacional gringo, no es esta una postura igual de valida?

2. Así como su postura te puede parecer terrible, tu postura de vuelta tiene tambien mucho poder: efectivamente, puedes elegir no comprar más marcas que no comulgan con tu pensar político. Y todo bien.

3. … pero el problema basal que esto nos demuestra, ¿No es un problema de toda la vida? Las marcas, literalmente, son las que mantienen o hacen quebrar a los medios, por su auspicio. Y no debería espantarnos. Las marcas tienen detrás directorios. Agendas. Ocultas o no. Y menos mal que están apareciendo otros formatos de supervivencia (por ejemplo la compra directa de suscripciones, como tan bien nos enseñó Netflix), que sin duda independizarán las opiniones de los mecenazgos… pero no intentemos tapar el sol con el dedo: las pautas de los canales cuya fuente principal son los auspicios, evidentemente ponen a los directorios y los directivos con un poder fáctico tremendo. Hoy y hace 100 años.

4. Realmente Carozzi lo hizo porque no quiere auspiciar contenido politico? Lo dudaría, dado el CV de algunos de sus miembros. Pero, si lo es o no, están en su derecho no? Yo tampoco voy a prestar mi marca si no estoy de acuerdo con algo. Te parezca espantoso o no… eso se llama, querido amigo, DEMOCRACIA. Yo personalmente creo que le hace un flaco favor a la marca, sabiendo además la historia nacional. Pero hoy, post 18O, Cualquier postura, es politica. No querer ser politico es, hoy, tambien una decision politica. Pero, nuevamente, más que demonizar marcas y gritar iracundos… nos deberia hacer recordar nuestro poder como compradores.

La cosa no es funar marcas. Es elegirlas por tu postura. Que triste seria un mundo homogeneo, con todos pensando lo mismo. La marca cometio un error al «politizar» su postura (habia alguna posible manera de no politizarla, en el sudoku conceptual de hoy?)… justamente cuando, quizas, buscaba lo contrario? Puede ser. Varias marcas no auspician contenido LGTB+. Muchas otras exigen que tal o cual persona, con claras posturas politicas, no aparezca en el programa si no ellos se van. Es algo normal. Y se llama elección.

Tu elección, como consumidor, está en «votar» por esa postura en el carro de supermercado. Y reflexionar si estás vetando una marca que no piensa como tú, o si quieres que todo el que no piensa como tu, arda en el infierno.

La eleccion final… es tuya.

Qué tan alto quieres apuntar?

En un mundo diseñado (por nosotros mismos) para el exito, la acumulación y el show-off, con gente rompiéndose el alma para tener más y más y más… y, en terrible contrapunto, como espejo futurista de lo que te espera si «consigues» lo que quieres, historias en copy paste de hijos de millonarios drogadictos y quebrados (as in broken) Porque no saben que hacer con su vida, en un mundo en que ya nacieron «listos».

Es realmente ese el foco que queremos? Inevitablemente, me acuerdo de dos cosas: Primero, la tremenda cita de Mujica, que se ha vuelto una brujula en mi vida: «Tu no ganas plata. La plata la debes medir en cuánto tiempo de tu vida demoraste en ganarla. Tu compras cosas con tiempo de tu vida, que no vuelve!» ¿Darias 2 años de tu vida por un auto? Mucha gente en Chile pone hasta 4. Y me parece surrealista.

Luego, otra pieza de inspiración que, si fuera Shalper ya la hubiese impreso y enmarcado en mi pieza:

Tuve la suerte de darme cuenta del error, siendo bien chico. Con mi señora, con 27 años, ya nos habiamos comprado nuestro departamento de la vida y un auto cero kilometro (lo que significo, entre otras cosas, casi 5 años de penurias por endeudarnos como pelotudos)… Pero me quedo con esto: Al llegar al estacionamiento y apagar el motor, los dos sentados en este auto con olor a nuevo… nos miramos con cara de «Y esto era?»

Trabajando en multinacional casi toda mi vida, me topé con muchos especimenes con esa mentalidad. Gente fria, lejana, miope de su propia vida, que miraba su espejismo de exito hacia adelante sin darse cuenta de que han estado encerrados sus «mejores años» en salas de reuniones, comiendo sobrecitos de azucar para no desmayarse y seguir, viajando por el mundo sin ver a sus amigos ni familia; conociendo solo las salas de hotel de paises exoticos y maravillosos…

Mientras, la vida se les pasa por el lado.

Cuando fundé RTLN, me di cuenta de que tan importante como lo que quiero hacer y cuánto quiero ganar… es entender qué no quiero hacer y cuál es mi tope hacia arriba.

Parece raro, no? Por suerte, no lo es: Un estudio de hace unos años, confirmó esta teoría muy contracultura. Efectivamente mientras más ganas, eres más feliz… hasta cierto número. Los investigadores, en ese entonces, pusieron el numero en US$75,000. El mio se basa en experiencias:

1. No tener deudas (excepto el hipotecario o gastos fijos que pueda pagar siempre a fin de mes)

2. Vivir en un buen lugar, a nuestro gusto (en mi caso, una casa donde puedo vivir comodamente con mis perros y gatos, que tenga piscina, aunque sea pequeña -no para andar contandolo: amo las piscinas, amo el verano-.

3. Poder darles una buena educación a mis hijos.

4. Ganar lo suficiente como para salir a comer con la familia al menos una vez cada semana

5. Poder viajar al menos una vez al año de vacaciones, los cinco.

6. Tecnologia. Poder comprarme un celular de alta gama cada 2 años, que mis hijos tengan buenos computadores, etc.

Es la carta al viejo pascuero; pero si te das cuenta… es un tope. No quiero un lamborghini ni 3 casas ni vivir de las rentas. Que desperdicio tener un depto en la playa y saber que no se está usando; «obligado» a ir todos los fines de semana. Si me jubilo antes que mis amigos, voy a caminar por Santiago aburrido todo el dia?

Hoy, en cambio, me he dado el gusto de, en plena pandemia, decirle que no a proyectos que no me calientan, que no me acomodan o donde no me voy a sentir bien. Y, de vuelta, tomar proyectos quizas mal pagados, pero que «solvento» con otros que sí lo son. Un pseudo pro bono que me llena el alma.

El efecto laminitas (¡¡juntalas todas!!) lo tenemos pegado en el hipotálamo. Y es facil entrar en el juego. Mi invitación hoy es a respirar hondo, tomar un lápiz y un papel… y modelar tus 2, tus 5 y tus 10 años para el futuro… Sin dejar de mirar lo que tienes hoy. No vaya a ser que te perdiste a tus hijos por estar pensando en mejorarles un futuro… cuando todo lo que ellos necesitaban, eran tu presencia, hoy.

¿El encanto de volar?

Me casé a los 24 años. El 04 de Agosto de 2001. Y los preparativos para celebrar nuestros 20 años, llegaron en plena pandemia. Aún así, aposté por poder viajar a celebrar, los dos solos. Este es el resumen de lo que significa volar fuera de Chile a 3 días de la apertura de frontera para los vacunados. Uf.

El año pasado mi hermana me invitó a sumarnos a un viaje que harían con mis viejos, tíos y primos al Caribe. La lógica me dijo «mmm no sé»; y preferí esperar a ver cómo seguía el cierre sanitario por el CoVid. Lamentablemente, el tiempo me dio la razón, y el viaje terminó siendo cancelado.

Pero a mediados de año, y cada vez más cerca de nuestros 20 años de Aniversario (¡¡20 años!!), no pude si no hacer oídos sordos a mi propia cordura, y me metí a preparar el viaje.

O sea… no «el» viaje. Mi plan original contemplaba pasar a ver a mis tíos en la Costa Azul, conocer la casa donde nació la abuela de mi señora, en el País Vasco…

No. Hablo de una versión «CoVid» de la celebración de los 20 años. Pensando además, obviamente, que no es buena idea estar 30 días fuera, cuando tu agencia apenas tiene 1 año y muchos de tus clientes no llevan ni 8 meses contigo.

No. Era una versión digna de 20 años… pero más aterrizada. O algo así: Ir al hotel que nos dejó boquiabiertos en el 2012, cuando fuimos con los niños a Cancún. Un hotel en Playa del Carmen (la «versión adulta» de donde estábamos). El Gran Caribe Real. Hoy, llamado Panama Jack.

Brazalete, all you can eat, tragos ricos, buenos restoranes y mucho, mucho sushi; a menos de 3 cuadras de la Quinta Avenida, el lugar de restoranes, tiendas y carrete.

A estas alturas del año, con la industria turistica hecha pedazos, comprenderán que grandes deals no encontré… pero ok. Son 20 años. Elegir, elegir, aceptar, elegir… llenar tarjeta.

Vamos. Uf.

Mientras tanto, el Gobierno estaba cambiando por segunda vez la fecha de apertura. Y yo sudando porque X dia a X hora era el ultimo momento de desistir y anular la compra.

Pero no. Pasó ese día (la noche anterior no dormí nada, obviamente)… y nos la jugamos: el 29 salimos a México! Y justo, justo, justo 2 días antes de saltar por la ventana por el bloqueo, se abren las fronteras.

(Musica angelical).

Desde ahí, modo conejillo de Indias. Por ejemplo: Calculé que era muchisimo más barato -y más comodo- ir en auto al Aeropuerto, y dejarlo en un estacionamiento que tiene bus de acercamiento. Ok, pero ¿Puedo volver a buscarlo en ese mismo bus? ¿Al regreso no nos convertimos en unos parias que no podemos ver el sol por 10 días?

Seremi? No. No tenemos nada claro.

Uf. Ya. Son 20 años. Démosle.

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Ok, vamos igual. Vaaamos, son 20 años.

Paso dos: La ida.

Tuve la buena idea de sacar la Worldmember del Santander apenas salió. Asi que tengo «super poderes» cada vez que viajo: 6 upgrades a business al año, uso del salon Vip y, lo mejor, check-in preferente (o sea: hay más gente del otro lado del mesón que en tu lado). Pero no, esta vez la entrada Preferente esta cerrada y Latam nos sugería llegar 4 horas antes.

¡Cuatro horas antes!

Obvio que les hice caso… y, para buena suerte nuestra, la cosa no era necesaria: con el QR y las dos vacunas Pfeizer, pasamos como avión. Una llenada en el celular del documento de ingreso a Mexico, una compra obligada de una de esas mascaras de mica (totalmente innecesaria, nunca la usamos ni en Lima ni en Mexico)… y pasamos a esperar al otro lado. A las 3 am de la mañana. (¿Muy temprano para desayuno? ¿Me tomo una chela?)

Desde ahí, el resumen es: Si los asientos son cada vez más chicos e incomodos para una hora donde «deberías» dormir (5 am > Lima hasta las 11 y luego a Mexico), imaginate tratar de hacerlo con doble mascarilla -yo que apenas aguanto una-, y una mascara para dormir. Es algo parecido a esto:

De ahí, fast forward del viaje: Una parada muy agradable en Lima (o casi, no sabía que ya no tenia «superpoderes» en el Vip de Lima, asi que basicamente pagué 50 lucas por dos aguas y un café), un vuelo con doble mascarilla hasta Mexico… y la llegada bastante rápida y organizada a Cancún. Luego, freakeado en el bus hacia el hotel, con una familia de Puebla con dos personas tosiendo y yo echando alcohol al aire como si fuera Haze. Pero todo «normal».

Hablemos ahora del desastre del regreso:

Pues bien. El retorno implicaba, primero, hacernos en PCR en Playa del Carmen. El hotel nos cobraba US$130 por cada uno, pero encontramos en la Quinta Avenida uno por $98. No era una ganga (unas 140 lucas por los dos); pero habia que hacerlo. Al volver… Uuuuf, al volver?

  1. Caminar más que Kung Fu. No me pregunten por qué. Creo que debe ser una forma de usar algo que no se ha usado, o algun memo erróneo dando vueltas por ahí. Lo cierto es que el nuevo Pudahuel es TREMENDO. No Barajas tremendo, pero sí «camina media hora» tremendo. Y para el nuevo protocolo, no se les ocurrió nada mejor que usarlo todo. Como si quisiéramos el tour. Sin exagerar, desde la bajada del avión hasta el primer chequeo, debimos haber caminado unos 30 minutos. Facil.
  2. Qué onda la tecnología. En teoría, con el PCR hecho (QR), tu pase ok (QR) y los pasajes (QR), solo debes mostrar tu celular y pasar, no? No. Luego de mi caminata más larga desde el inicio del CoVid, nos quedamos pegados en una fila (eran las 5 am, no habian muchos vuelos). Al asomarme, vi 30 casetas con 30 personas que, con lapiz, papel y un celular, se quedaban al menos 10 minutos por persona. ¿¡Haciendo qué?! A los 40 minutos lo averigué: Llenando A MANO la misma info que venia en los QR. ¿De donde viene? ¿Segundo apellido? ¿Tiene su vacuna? ¿Se hizo el PCR? Y un par de papeles, a mano, con timbres cual 1995. Y siga la flecha por favor.
  3. Otro PCR, muchas pantallas y «quien se forró con esto»? El siguiente paso es caminar muuucho, bajar escaleras y llegar a una fila a lo Disney, con más tecnología que Star Wars: Unas pantallas que no funcionaban, para sacar un papel (no QR), y pasar a una cabina con un tubito donde tienes que escupir. O sea, otro PCR. Escupir. Cosa que yo nunca aprendí. Con la boca seca por el viaje. Nice. Y siga por acá.
  4. Otra fila, para entregar el tubito y avanzar. Con otras casetas con al menos 10 personas tomando los datos y pasandote otro papel que debes llevar. Eso, sumado al pasaporte, el ticket y las maletas, ya se vuelve confuso. Pero vamos. Llegamos a las 5:30, ya son las 8 am. Y vamos mostrando el papel de «De donde viene, tiene el PCR» en cada estación, cual concurso de gimcanas.
  5. Finalmente, la «normalidad»: Una fila enorme para Policia Internacional, seguido del Duty Free, seguido de «donde carajos están las maletas, si el avión llegó hace 4 horas y ya ni sale en la pantalla»… seguido de SAG. ¡SAG! Señores, hasta me sacaron fluidos de mi cuerpo. Literalmente.

Mientras tanto, leí que al menos el protocolo para ir a buscar el auto ya estaba claro («Se puede ir en buses de acercamiento a los estacionamientos, o TransVIp o whatever»); y la promesa de que te van a vigilar por 10 días. Cosa que, oh sorpresa, es muy cierto: la Seremi viene todos los días tipo 10 am a revisar si mi señora y yo (y todos los de la casa) estamos encerrados como corresponde.

En resumen? El vuelo llegó a las 5:30, yo llegué agotado a mi casa a las 9:30; y estoy encerrado por 10 días cual Junio del 2020.

¿Valió la pena? Obvio que sí. Celebramos los 20 años. Estuvimos solos. Comimos. Tomamos. ¡Salimos del encierro por un rato! Pero ojo: mi vuelo era muy temprano, no habia muchos vuelos… y aun así me tomó 4 horas volver.

Así que a armarse de paciencia… o esperar a que todo vuelva a algun tipo de normalidad con menos tubitos de ensayo, filas interminables y maratones 2K.

Un mundo sin Cookies

Nos lo merecemos. Por giles. Y no, no hablo por mi. Hablo por el marketing en general. Y es que, claro, qué cosa más increíble poder tener la capacidad de entender desde qué sitio vienes. Qué cosas has visto. Cuales son tus intereses. Y aprovechar estos pequeños trocitos de información, estas «cookies» para darte publicidad y contenido 100% relevante.

Eso es una maravilla.

Pero somos giles. Porque esa gallina de los huevos de oro fue sacrificada en un dos por tres. Las aerolíneas empezaron a usar la información para subir descaradamente los precios de los vuelos que te interesaban (todavía puedes verles el truco: busca un vuelo, búscalo por segunda vez… y luego entra al mismo link en «modo incógnito». Magia. El precio bajó). Y ni qué decir de ese metralletazo visual que ocurre, todavía, cuando osas buscar un producto en Linio, Amazon o cualquier retail. Yo compré una cámara HD hace dos semanas, y todavia la veo en todas partes. Replicada incluso en banners pegados uno al lado del otro. ¡¡Para, hombre, si ya la compré!!

Somos giles. Y porque somos giles y mal utilizamos esa información increíble, el mundo entero dijo no más. El primero en golpear la mesa (y ojo que hasta dejó llorando al pobrecito de Facebook), fue Apple. Con la noticia de que, desde el iOS 15 (que sale a mediados de Septiembre), las Cookies no van a funcionar en tu iPhone. O, en otras palabras: si busco una cámara HD en mi iPhone, esta no me va a seguir eternamente en cada puto banner que me aparezca en la web. Y Chrome apaga el switch «Cookies» en 2022.

Wow.

Maravilloso. Claro que sí. Porque fuimos giles y usamos mal una herramienta que, bien usada, significaba contenido relevante. Productos mágicamente utiles del tipo: ¿Buscaste recetas de pasta? ¡Mira, una oferta de máquina de pastas! ¿Buscaste mareos por embarazos? ¡Ropa maternal a 50% de descuento!

Pero no. Teníamos que volvernos locos usando mal una herramienta increible. Así que tan-tan marketeros. Les quitamos el juguete. Para siempre.

La pregunta logica ahora es: ¿Cómo es ese Cookieless world para los marketeros? SIn un trackeo eficiente de la identidad digital de las personas, las marcas vivirán en un eterno Alzeheimer de sus usuarios? Porque claro que hay temas de usabilidad que van a ser un cacho para todos: Poner tus claves cada vez que entres a un sitio. Poner tu talla cada vez que entres a un retail. Y peor aun: chao con el «Multi-touch attribution» y el «Frecuency Capping«. Esa capacidad de las Cookies de entender que ya viste una pieza, ¡se esfumó! Olvídate de poder ordenar tus mensajes en «Primero ve esto, luego esto, luego esto». Y volvamos a la antigua Gantt de contenidos lineales. Y si no viste la pieza uno, sorry ya se fue.

¿Soluciones? Claro que las hay. Muchas. Pero todos pasan por el permiso obligado, estricto y totalitario: Si no quiero ver más tu comunicación, no la voy a ver más. Te equivocas con tu mensaje una vez conmigo… y, por ley, ya no habrá una segunda oportunidad.

Así como se acaba la replicación tarada del mismo producto 8 veces en la misma página, se acaba el marketing mal pensado. Poco empático.

Trabajar la fidelización va a ser fundamental. Y los partnerships que se puedan crear y afianzar con otros medios, otros contenidos y otras plataformas.

Al final del día, como siempre, el consumidor es el ganador. Y de ti dependerá, entendiendo y apurando el tranco en tus plataformas de venta y comunicación, qué tan bien parado estarás en este nuevo e inevitable mundo sin cookies.

Y luego del recableo?

Seguro que a ustedes también les ha pasado: Están viendo una película, en la que el protagonista entra a un bar o un club, y en tu cabeza salta una alarma: ¡Oye, pero nadie tiene mascarilla!, o ¡No lo saludes de beso! A 13 meses de encierro y alcohol compulsivo (en las manos; aunque del otro también, y harto, creo yo)… es impresionante como estamos recableándonos. Acostumbrándonos a este miedo de contagio.

No es para menos. Claro que no. Hoy mismo Chile está en su numero más alto histórico de contagios. Y cada día que pasa, llegamos al récord. El punto lo tomo desde lo sociológico: cómo vamos a comportarnos cuando (o si alguna vez) volvamos a la normalidad? Lo que tengo claro es que viajar y juntarse y abrazarse va a ser el top one en la cabeza de todos. Pero las costumbres? La forma de vivir el día a día?

Hace unos dias conversaba con un amigo, sobre el tema: Para los adultos, esto será un volver a la normalidad. Pero para los niños chicos, que vivieron buena parte de su vida en encierro, ¿cómo les cambiará su forma de relacionarse? Será tan fácil perderle el miedo a tocar a los otros, acercarnos; abrazarnos, luego de que le dijiste por casi 2 años (y esperemos que no 3) que eso era peligroso?

Siempre me ha llamado la atención como los gringos son muy frios para saludar. De lejos. A lo mas la mano. Beso? Raro. Exotico. Solo para los BFFs. Será que el mundo entero se volverá más frio, por la costumbre? O al revés, esto nos volverá besucones, abrazones, por contrapunto a una epoca que queremos olvidar?

Happy birthday, mister Founder

Exactamente hace 1 año, justo el primer día en que todos nos dejamos de dar la mano y empezamos a ponernos un trozo de tela en la cara; justo el día que la waif llegaba de su ultimo viaje, feliz, con su Hermana y su cuñada… Justo el primer día en que no podíamos abrazarnos con nadie más… Me desvincularon de McCann.

Y mi cabeza empezó a a girar. 20 años subiendo y subiendo, DGC a los 30, Vicepresidente a los 34. No, no había mucho más que hacer. Y eso lo tenia claro hace un buen rato. Además, era mas que esperable; y entendible: el cliente más importante de MRM acababa de avisarnos que se iba; Latam, la cuenta más importante de McCann Latam estaba en serios problemas… y yo a su vez llevaba mucho tiempo en modo «y ahora qué», sin capacidad de subir, a menos que me enfocara en algun cargo regional (viendo la vida y el desgaste de los que trabajan en regional… no, gracias).

Uno cree que es lo peor que te puede pasar, profesionalmente. 20 años. 20 años diciendo que no a otras oportunidades. Cargos. Sociedades. Y ahora, iniciando una pandemia… con 3 hijos a cargo y un mundo mutando a mil por hora. Ahora qué.

Como son las cosas. Lo primero que hice fue sentarme en mi escritorio y tomar mi celular (¿seguía siendo «mi» celular?) y buscar a mi Coach. Extrañamente, el día anterior le habia escrito «Esto no da para más. Necesito un cambio». Menos de 24 horas más tarde, el universo me decía «ok. Toma».

Hace un año. Hace un año pesqué la proverbial caja, con una décima de mis cosas (en 20 años, acumulas muchísimo. Desde regalos del jardín infantil de tu hijo de 18 años hasta revistas que creías perdidas)… Y me di el lujo de derrumbarme. Un ratito. Sabiendo que, para buena suerte mia, el ultimo año, había sido un tremendo año profesional. No iba de caída. «Si por alguien no me preocupo si podría levantarse, eres tú Rita» me dijo mi ahora ex jefe.

Y así fue. Primero, porque entendí que no iba a pasar nada rápido. No en pandemia. Y con 20 años de pago (bueh, 11 y con el tope), tenia varios meses para pensar bien. No mi próximo paso. Mis próximos 20 años.

Luego, el famoso posteo que hoy lleva más de 300,000 views. Y una reunión urgente con mi coach. Y planear, planear, planear.

Ese mismo dia recibí 2 ofertas de trabajo. Al tiro. Vente. Mi guata apretada me dijo «No. Planifica tus próximos 20 años. Esta oportunidad es única». Y no acepté ninguna.

E hice bien.

El Podcast tampoco fue parte del plan. Fue un momento real de «no puedo hacer nada por ahora. Necesito un break… pero mi cabeza no es de breaks. Voy a ayudar». Y en 2 meses ya tenia mi primer cliente. Porque el quería ayuda, sí; pero pagada.

En un año aprendí de tributación. Armé mi empresa desde mi escritorio. Mi logo .Mi marca. Mi sitio. Mi pool de clientes. Mi red de expertos en cada área en la que quería entrar. Mi equipo de confianza. Mi set de mentores. Mi propuesta: Agencia agnóstica. Liviana. De verdad. Full Stack marketing. En un año me armé un sueldo mejor que antes, con un set de clientes elegidos con pinzas. Incluso dejando un par en el camino porque ya no estoy dispuesto a decir «si, señor cliente» si sé que no es lo correcto.

Si no creo en un proyecto, no lo tomo. Ya no tengo que hacerlo.

En un año descubrí que la vuelta larga, es la única manera potente de avanzar. ¿En qué puedo ayudar a la industria? ¿Cómo modelo un formato liviano, que me permita trabajar de manera realmente agnóstica? Para unos clientes, monté una agencia de contenidos. Con otros, soy su Director Creativo externo. Para otros, un asesor de su Directorio.

Y Human. CEO de una agencia de medios que transita entre dos mundos: Multilatina, pero boutique. Con un equipo sólido, tremendo, que me ayuda desde Mexico y Argentina; y un formato liviano que me permite tener dos sombreros. Mi consultora creativa y mi agencia de medios.

Pero lo más importante de todo, es que en este año aprendí que los contactos son clave. Que efectivamente eres el promedio de tus amigos. Que necesitas un plan. Siempre. Y una táctica para entender que, a los 44 y en plena pandemia, tu primer año de independiente puede ser el mejor año de tu vida.

Sólo necesitas cabeza fría, un buen plan, un buen coach, una red de apoyo… y no olvidar jamás que eres tú, y sólo tú, el único responsable de tu carrera y de tu vida.

Feliz aniversario RTLN.

Branding 2021: O el increíble poder de la Nostalgia

Hace muchos años, mi querida Maribel Vidal nos contó en plena presentación que la palabra «Recordar» viene de Re-Cordis: volver a pasar por el corazón. Nunca más lo olvidé. Que palabra tan bien diseñada. A su vez, me hizo «recordar» la famosísima escena de Mad Men con Don Draper mostrándonos el poder del recuerdo. El poder de la Nostalgia.

Te firmo que si tienes más de 30 años, lloraste con el final de Toy Story 3. Yo igual. A moco tendido. Fue inevitable. Porque te apretaron el botón de la nostalgia. Esa sensación de pérdida; de cosas amadas que ya nunca más serán.

Y eso? wow. Hace llorar.

O quizás es lo que algunos papers teorizan: que «todo tiempo pasado fue mejor» simplemente porque es una epoca segura. Una epoca que ya fue. Corte; se imprime. Un recuerdo plastificado e inmutable que, en su seguridad, nos hace anhelarlo y suspirar por él. 

¡Ah! Y a eso sumémosle además la vida más simple de cuando eramos chicos. 

Con todo esto en la cabeza, mirando el nuevo y maravilloso logo de Peugeot, y contrastándolo luego con el nuevo y maravilloso logo de Burger King (ambos casi idénticos a sus logos de los años 60s), no puedo dejar de sorprenderme ante tamaña genialidad: Apelar a la nostalgia. A mirar un logo y recordar (si eras gringo, claro está), cuando ibas con tu viejo al Burger King. O, para nosotros en Latinoamerica -sin BK sino hasta los 90s), ver el logo de Peugeot del auto de tu viejo. O tu abuelo.

Hace algunos años me tocó viajar a Vevey, Suiza, como parte de un «Dream Team» para crear la nueva campaña global de Nesquik. Yo iba para pensar, no para aplicar acá: con la ley de etiquetados, mi querido conejito Nesquik (creador de tantos recuerdos de mi niñez, pero también mi primer catapulta a la pseudo fama publicitaria, miren esto), no iba a seguir en Chile. Pero fui a trabajar para la campaña global. Y, finalmente, cuando esas ideas y brainstormings se convirtieron en campaña… venian acompañado de un logo donde, justamente, la Nostalgia (de los papás que tomaron Nesquik de chicos) era un eje central.

Es muy poderoso eso de volver a pasar por el corazón. 

Ese es el poder de la nostalgia. El poder de mirar algo hoy, pero estar viendolo realmente como en un espejo de doble fondo. Miras el logo del 2021… Pero son tu viejo, tu abuelo, tus recuerdos de niñez, seguros, cálidos y perfectos, quienes te saludan de vuelta. 

Corona, gracias por no llegar.

Esto es muy surrealista… pero tiene sentido, si lo pensamos.

Todo partió con un Posteo que hice en LinkedIn hace unos días, a propósito de que, en una época en que todos los retails simplemente NO PESCAN a sus compradores; con un #FalabellaNoContesta que duró varios días, y bots pelotudos que no están diseñados para ayudar, sino que para vender… y un pedido en Corona que no me llegó. Y que convertí en felicitaciones.

No. No es ironía. Acá el post.

Corte a una llamada de una periodista que quería hacer una nota. Y yo, que llevo varios capítulos de mi podcast e incluso acá en el blog hablando de lo mismo, obvio que prendí como pasto seco.

Y parece que la comunidad de LinkedIn también.

Como corolario a un bonito gesto, imitable y necesario de parte de todo el retail (convengamos que Corona no es de los más grandes ni mucho menos), el CEO de Corona me comparte el nombre y la historia de quien me llamó, preocupada porque mi pedido no llegaba.

Es surrealista agradecer porque tu producto no llega.

Pero es más surrealista ver como los mismo CEOs y gerentes que se subían inflados al escenario de Casapiedra hace menos de un año, hablando de su «transformación digital» y de su foco en «ser el Amazon de Latinoamérica»; no hayan entendido que la salsa secreta de Jeff Bezos, dicho por él mismo varias veces, es esta: Primero el consumidor, segundo el consumidor, tercero el consumidor.

Pero es eso.

Es sociología, no tecnología.

Es Empatía. No bots.

Asi que, nuevamente, gracias Corona.

Una Navidad distinta

No vale la pena ni gastar pixeles en argumentarlo no? Lo que sí vale la pena, es analizar como muchas marcas, ya en modo «humano», empiezan a darnos una probadita de lo que el branding post-pandemia debería empezar a sonarnos.

Ayer mismo comentaba en mi Linkedin sobre esta maravilla de campaña que hizo Schweppes para apoyar a los restaurantes españoles, a propósito de «copiarle a los vecinos» en cenar más temprano. Algo que los españoles jamás han hecho; pero que hoy, en post de apoyar la alicaída industria, Schweppes ha convertido en su bandera de lucha.

Hoy, comenzando ya el aroma a Navidad (con un toque de encierro, obviamente), nos topamos con marcas con un mensaje más íntimo y propio a la época, como Falabella:

Dato freak: mi colorina de 5 años rechazó ser la protagonista de esta pieza. «Cuando sea grande voy a hacer comerciales»

Mientras tanto, en Europa y Estados Unidos vemos mensajes más grandilocuentes, pero con la emotividad y humanidad tan necesaria en una época de incertidumbre global. Miren que bonito lo que sacó Lego hace un par de días; bajo su nuevo propósito «Let`s rebuild the world». Porque… ¡qué mejor marca que Lego para decirlo!

Finalmente, Lotería de España nos regala esta maravilla de campaña, en 2 piezas que nos llaman a «Compartir como siempre. Compartir como nunca». Echale una mirada a su gráfica y los 2 comerciales.

Lo hemos hablado incansablemente en mi Podcast y en mi Canal de Youtube: En un mundo con personas cada vez más «marcas», con sus propios ecosistemas y seguidores… las Marcas deben ser cada vez más personas. Y esa humanidad, pasa por la empatía. ¿Qué harás tú con tus marcas en Navidad?

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«Sale» sin UX? Sale p`allá.

Se acabó el segundo evento de precios más importante de lo que quedaba del funesto 2020. Para muchos, significa hacer el año. Pero desde el consumidor… ¿realmente valió la pena?

Los Cyber nacieron en Estados Unidos. Un lugar donde mucha gente sabe que esa Polera «es de la temporada pasada». Porque hay una cultura de lo nuevo. Del consumo exacerbado. Y, por ende, de las liquidaciones de «lo viejo» que realmente son liquidaciones. No una frasecita que se usa con quizás demasiada soltura en nuestro país. Varias veces al mes.

En Estados Unidos los CyberMondays, Blackfridays y demás son realmente oportunidades. Y las marcas, todas, aprovechan de literalmente «matar», «liquidar» su stock viejo. En Chile, país de Ingenieros Comerciales, esta práctica pone el bolsillo primero y la experiencia de cliente después. Con un gran problema de bonus track: La Estrategia de precios no es estrategia de marca. Y si bien puedes aprovechar una buena estrategia de precio para que la gente pruebe y conozca tu marca (Groupon vende eso a sus clientes), no siempre es una buena idea. No en el largo plazo.

Knasta ya nos acostumbró a ver los históricos reales de los precios. O cómo mucho retail chanta infla sus precios hasta un 60% semanas antes de los Cuber, para bajarlos a un «oooh!» 40%. Plop.

Si tu valor de marca «es» realmente el precio bajo (supermercados), existe la vieja y siempre útil estrategia de «tractores». La leche a un super precio, y obvio que vas a comprar más cosas. A precio normal. Si no… ojo ahí. En mi Podcast lo hablamos hace unas semanas, y hoy lo refloto porque me parece super importante; en 5 tips clave para no matar tu marca a punta de descuentos:

5 tips para un Cyberday que aporte a tu marca.

1. Alinealo a tu proposito! 

Que los chilenos coman mejor? Descuento en Productos gourmet. 

El grande contra el chico? Facilidades extra, cero interés… (no tienes por qué irte perdida)

  1. Piensa en tu consumidor. Y dale experiencias que solo tu vas a darles. El Descuento es un commodity. Claramente eso no construye marca. A lo más, de hecho, te la puede corromper. Como el “Síndrome sushi”, todos son 50%.  Pero si piensas en experiencias valiosas,  eso bien puede ser usado en fidelizar, sin pasar a llevar tu branding: Que tus vinos vengan con una cata. O que las teles vengan con Netflix o todos los computadores traen YouTube Red gratis… no te va a desangrar. Es pensar en experiencias. Y pensar en experirencias, es pensar en branding. 
  2. Piensa en CONVENIENCIA, no solo en precio: Mas cuotas, o periféricos con ofertas especiales, como Monitores, mouse o carcasas… 
  3. OCEANOS AZULES: PIENSA LATERAL. Hoy todos pelean por el valor mas bajo. Pero la mayoría de los productos son commodity. En tecnologia la ganancia no pasa nunca el 10% que hacer entonces? ¡Difrenciacion! Nuevamente, eso si aporta a tu branding: Que cada compra, venga con DEVOLUCION gratis. Si piensas en una disrupción, piensa por ejemplo en como tu producto podría ser un servicio. O dicho de otra forma: Que pasaría si por ejemplo tu producto, fuera por Suscripcion.  Es una tremenda forma de fidelizar (Apple y Cornershop lo saben bien); el DF tambien lo esta haciendo…  ¿Como podrías convertir tu producto en servicio? The Trunk.

Hoy con tanto precio chanta e inflado y luego recortado, el peligro del cyber Day es perder en tu branding. Y eso, a largo plazo, es mas caro que el descuento que estas haciendo. 

Una marca clever es empatica y entrega VALOR; no solo DESCUENTO

Si tienes oportunidad de liquidar realmente, dale. Si tienes precios competitivos realmente, dale.

Pero si no, hoy la gente no solo busca precios bajos. Busca mas valor por su dinero. 

Y VALOR… es marca. Y es inversión a largo plazo.

Como corolario, en un mundo de marcas que no responden, de envíos colapsados y desidia hacia el que ya compró (total, ya te pasó la plata)… Leí a alguien en Linkedin hablando de lo impotente que sería aplicar alguna métrica o «nota» como post venta. Me parece clave. Porque ahi si que podemos decir quien mató su marca… a punta de precio. Venta rápida, matando fidelidad.